Visita libre
6 € por persona
Ven cuando quieras, de miércoles a domingo, de 8:30 a 17 h, y recorre las tres plantas a tu ritmo. No hace falta reservar.
Horarios, precios y cómo llegar →




Carros, carruajes, guarniciones y oficios que hicieron caminar a Cataluña, en una masía del siglo XVIII. Y, en el mismo edificio, comida a la brasa en el Racó del Traginer.
6 € por persona
Ven cuando quieras, de miércoles a domingo, de 8:30 a 17 h, y recorre las tres plantas a tu ritmo. No hace falta reservar.
Horarios, precios y cómo llegar →5 € por persona
Unos 90 minutos con guía, en catalán o castellano, para grupos de 15 a 50 personas. Con reserva previa.
Pide disponibilidad →28 € por persona
Visita guiada al museo y comida en el Racó del Traginer, en el mismo edificio: primero a elegir, segundo a la brasa, postre y café. Conductor y guía acompañante, gratis.
Ver la propuesta para gruposEl Museu del Traginer – Colección Antoni Ros explica la evolución del transporte de mercancías y de personas con energía animal, y los oficios que lo hacían posible. Todo ello dentro de una masía del siglo XVIII en el barrio del Rec de Igualada.
Herramientas y utensilios de más de una decena de oficios, carros, carruajes, sillas y guarniciones hacen de la Colección Antoni Ros un verdadero museo de las artes y los oficios aplicados al mundo del transporte en la Cataluña moderna.
Antoni Ros tenía una idea clara: mostrar por encima de poseer. Por eso el museo es integrativo y se adapta para que cualquier persona, tenga o no alguna discapacidad, pueda disfrutarlo en igualdad de condiciones.


De la herrería a los carruajes de gala, pasando por las guarniciones y los carros. El ascensor conecta las tres plantas.



El ámbito de los oficios ocupa toda la planta baja: la evolución del acarreo desde los inicios hasta la invención de la rueda, y las líneas de comunicación del Principado a partir de los caminos reales, sobre uno de los cuales está, desde hace siglos, la ciudad de Igualada.




En la sala de las guarniciones está el corazón del museo: las piezas que iniciaron la colección. Al lado, la sala de los Tres Tombs, con un audiovisual de los Tres Tombs de 1961 en Igualada, y la gran sala de los carros: de servicio, de payés, singulares, de vino, de carga y reparto, y un carro adaptado.




La segunda planta reúne los carruajes de pasajeros: berlinas, victorias, un ómnibus, la carroza fúnebre… Y el Salón de Antoni Ros, donde se concentra su obra escultórica.

Para que los traginers pudieran hacer su trabajo, detrás tenía que haber multitud de oficios.
Alrededor del carro estaban la carretería y la herrería, básicas para construir carros y carruajes, y el espartero, que acondicionaba los carros de payés. Alrededor del animal, el herrador, el mariscal, el albardero o guarnicionero y el mozo de cuadra.
Y en el mundo del transporte, el traginer de carga, que llevaba las mercancías a lomos de los animales por los caminos de herradura; los leñadores, y el tonelero, que en el Anoia y el Penedès hacía posible el transporte del vino.






El corazón del museo: las piezas que iniciaron la Colección Antoni Ros.
Destacan unas guarniciones para nueve caballos, hechas con más de 700 cascabeles, que se usaban para enganchar la réplica exacta de la diligencia que iba de Barcelona a Igualada (hoy custodiada por el Antic Gremi de Traginers d’Igualada).
Sillas, guarniciones de trabajo y de fiesta, bridas, collares, albardas, espuelas, estribos y frenos de todo tipo completan la sala.



El transporte de personas y mercancías en carros y carruajes tirados por caballos, mulas o bueyes.
Diligencias, que unieron pueblos desde finales del siglo XVIII hasta el primer tercio del XX; taxis de tracción animal; carruajes particulares de la burguesía; carros de largo y corto recorrido, de bomberos, funerarios y, sobre todo, de payés, protagonistas del campo hasta la década de 1950.
Mención aparte merece un carro barroco siciliano, que por su valor histórico singulariza todo el ámbito.






El hombre que reunió la colección también fue un artista.
Los últimos veinte años de su vida, Antoni Ros añadió a su condición de traginer, coleccionista y realizador cinematográfico la escultura. No buscaba un ideal de belleza, sino expresar la fuerza del sentimiento que lo embargaba.
La dureza del metal, la calidez de la piel y la huella de la madera se combinan en una obra que defiende los recuerdos de infancia, sin los cuales se pierde toda una manera de entender unos oficios y un sistema de vida.



La saga la inicia Antoni Ros Castells, el «Tonet de Cal Ros». Antes de ser traginer trabajó en las curtidurías, pero su pasión eran los caballos y los Tres Tombs. A los 17-18 años se compra un carro y un caballo y se dedica a acarrear, sobre todo para las curtidurías.

Compra la guarnición de tronco para nueve caballos de las diligencias y sale en los Tres Tombs con nueve caballos y el apellido Ros en las guarniciones. Fue el único año que salieron con los nueve.

El hijo se sube al carro a los 16 años y descubre que este mundo le apasiona igual. Vive el paso de la tracción animal al motor —primero motocarros, después camiones—, pero sigue adquiriendo piezas del mundo de los traginers.

Compra y restaura la masía de «cal Merdetes», donde hace su primera obra escultórica, un gran mural que ya forma parte del edificio. Cada fin de semana sigue comprando carros y guarniciones; en 1975 la prensa ya hablaba del museo de Cal Ros.

En 1993 se crea la Fundació del Traginer para poder abrir el museo al público. En 1994 Antoni Ros fallece sin verlo inaugurado; ese mismo año se terminaba el restaurante, pensado para los visitantes y los autocares.

Robert y Xavier Ros retoman el proyecto y en 2005 el museo abre con todas las medidas legales y la voluntad de ser un museo para todos.


Los traginers no han desaparecido: su legado sigue en las calles cada año.
Antoni Ros ya salía con nueve caballos en 1961. En la sala de los Tres Tombs, un audiovisual recoge los Tres Tombs de 1961 en Igualada, y el Antic Gremi de Traginers d’Igualada tiene allí su representación.
La Fundació del Traginer quiere que todo el mundo pueda disfrutar de la colección en igualdad de condiciones.
Este compromiso empezó con las personas ciegas y con discapacidad visual y se concretó en un convenio de colaboración con la ONCE. Hay maquetas que reproducen a escala los principales carros y carruajes, para descubrirlos también con las manos.
Conecta las tres plantas.
Carros y carruajes a escala.
Para personas ciegas o con discapacidad visual.



El restaurante está en el mismo edificio del museo: terminas la visita y te sientas a la mesa.
Nació en 1994 para dar servicio a los visitantes y a los autocares. La especialidad es la carne a la brasa, y tiene dos comedores: uno de hasta 50 personas y otro de hasta 25.
Abrimos todo el año, de miércoles a domingo, de 8:30 a 17 h. Lunes y martes solo abrimos para grupos grandes (45–50 personas) con reserva.
Entrada general: 6 €. Mayores de 65 años y estudiantes: 5 €. Niños hasta 12 años: gratis. Grupos con visita guiada: 5 € por persona. Visita guiada + comida: 28 € por persona.
Para la visita libre, no: basta con venir dentro del horario. Para grupos, visita guiada o comida de grupo, sí: escríbenos o llámanos.
La visita guiada es para grupos de 15 a 50 personas. Para comer, tenemos un comedor de hasta 50 personas y otro de hasta 25.
Sí. El Racó del Traginer está en el mismo edificio. La especialidad es la carne a la brasa y hay menú de grupo.
Hay aparcamiento a 3–5 minutos a pie del museo.
Sí. Tiene ascensor que conecta las tres plantas, maquetas táctiles y un convenio con la ONCE para personas ciegas o con discapacidad visual.
Sí, para infantil, primaria y secundaria. Escríbenos y concretamos la actividad.
Miércoles a domingo · 8:30–17 h · todo el año
Aparcamiento a 3–5 minutos a pie